A estas alturas… seguro que ya sabes más o menos en qué consiste la celebración de Halloween, pero ¿sabes cuál es el origen de esta divertida fiesta?.
Tenemos que remontarnos a hace ya 2500 años (¿pensabas que era un invento nuevo...ehhh?). Los celtas terminaban el verano el 31 de octubre y este era el día en que retiraban el ganado de los pastos y lo llevaban a los establos para pasar el invierno.
En la cultura celta, se pensaba que en esta fecha los espíritus de los muertos salían de los cementerios y buscaban los cuerpos de los vivos para reencarnarse. Por ello, decoraban sus casas con símbolos siniestros, huesos y calaveras que hicieran pensar que no había vivos y los espíritus pasaran de largo, asustados (…¿lo vas pillando…?).
Con la emigración de irlandeses y otros pueblos de origen celta a los Estados Unidos, la fiesta se popularizó también en este país, donde terminó de configurarse con nuevas tradiciones hasta convertirse en la que hoy conocemos.
Aparece la tradición de los dulces, las bromas, contar historias de terror, los fantasmas, disfrazarse, las calabazas, los gatos negros, las brujas, etc.
Los niños se disfrazan y, al anochecer, van por las casas de puerta en puerta con bolsitas y linternas pidiendo golosinas y caramelos o pequeñas propinas: ¿Trick or treat?, preguntan, ¿truco o trato?. Si reciben sus golosinas, se entiende que el trato está aceptado, si no las reciben, harán un pequeño truco o broma, del estilo de tirar huevos, manchar con espuma de afeitar… y otras pequeñas gracias… (no digo más…).
Las calabazas se ahuecan para colocar una vela en su interior, convirtiéndose en linternas que auyenten a los malos espíritus.
Y ¡recuerda!, las brujas andarán revueltas el 31 de octubre, tal vez disfrazadas de gatos negros para pasar desapercibidas…. ¡¡Que no te pillen con la guardia bajada!! Prepárate tu también!!! Buuuuhhhh!!!
Daniela